• Antonio López Díaz

Perdimos el mar

Con menos de un 10% de su superficie original, el mar de Aral es uno de los grandes desastres ecológicos de la historia de la humanidad.



Canal cercano al río Amu Daria en la provincia de Jorezm. Uzbekistán


Grandes barcos arrastreros navegando entre fuertes vientos, tempestades con olas que duplicaban el tamaño de las estatuas de Lenin esparcidas por la Unión Soviética. Ahora solo es desierto. El viento abrasador altera el flujo de la arena y las partículas de Ántrax chocan contra las retamas crecidas en el antiguo fondo marino. Solo quedan sumisos en una tierra de guerreros, solo oscuras vergüenzas que no se pueden ocultar más.

"Visitar el Mar Aral y ver casi muerto el que fuera el cuarto mar interior más grande en el mundo me ha causado una conmoción tremenda… demuestra que el hombre puede destruir el planeta" Con estas palabras Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, expresó su malestar ante los asistentes a la Conferencia de los Océanos celebrada en junio del pasado año en la sede de la ONU refiriéndose a una de las catástrofes ecológicas más graves de la historia de la humanidad.


La desaparición del Mar de Aral fue minuciosamente planeada, probablemente en un sórdido despacho del Kremlin a principios de los años sesenta. Los políticos soviéticos decidieron convertir las extensas y desérticas estepas de Asia Central en fructíferos cultivos de campos de arroz, melones, cereales y sobre todo algodón. Ampliaron la red de canales de riego que se extendían por todo Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajistán, y que se alimentaba de las aguas de los ríos Amu Daria y Sir Daria.


Las consecuencias aparecieron en poco tiempo; el Mar de Aral dejó de recibir agua retrocediendo día a día durante años y quedándose a 150 km del antiguo puerto de Moynaq, el más importante al sur de Aral. La industria pesquera que empleaba a miles de personas desapareció poco después, sacrificada por el próspero negocio del algodón. Los habitantes pagaron un alto precio por el bien común, convirtiendo a Uzbekistán en uno de los mayores exportadores de algodón del mundo.


Barcos anclados al desierto en el que se ha convertido el Aral. Moynaq.


Saparniazov Keramantedin, uno de los últimos pescadores que faenaron en el Aral y que sobreviven en la antigua ciudad portuaria de Moynaq, cuenta a todo el que viene hasta este remoto lugar de Asia central a conocer la historia de lo que ocurrió, cómo era el mar.


Cuando pescábamos aquí, si había viento, el mar se volvía muy peligroso. Entonces teníamos que irnos a pescar a otros lugares. En 1957 el agua cubría parte de la ciudad y podían verse los barcos atracados aquí”

Saparniazov comenzó a trabajar en la factoría de pescado con 17 años antes de hacerse pescador. Cuando el mar desapareció de Moynaq se fueron a pescar en los peligrosos lagos que iba dejando el mar en su retirada, cerca de la ciudad. A medida que aumentaba la salinidad de las aguas, disminuía el número de peces en el Aral. En un esfuerzo por mantener el empleo en la zona, los científicos introdujeron peces de otras partes de la Unión Soviética, que podrían adaptarse a las condiciones de salinidad cambiantes del mar.



Saparniazov Keramantedin. Uno de los últimos pescadores que faenaron en el Aral y que quedan en la ciudad. Comenzó a trabajar en la factoría de pescado con 17 años antes de hacerse pescador.

¿Quieres escuchar la voz de Saparniazov?


Mientras tanto, se lanzó un importante programa de ayuda gubernamental para reubicar a la población al ser declarada zona de desastre ecológico. La agricultura se hacía inviable en los salares que dejaba el mar al evaporarse. Los que decidieron quedarse, se dedicaron a la cría de animales y sus camellos pastan hoy en el antiguo fondo marino. Multitud de aldeas de pescadores, desaparecieron bajo las dunas del nuevo desierto.


En los ochenta el mar se dividió en dos partes, norte y sur, y en 2015, una de las subdivisiones de la parte sur, la uzbeka, se secó por completo.


Uno de los principales problemas ambientales en la provincia uzbeka de Karakalpakistán es la erosión del lecho seco del Aral. Cada año alrededor de 75 millones de toneladas de arena, polvo y sal son arrastradas por el viento desde el antiguo fondo marino afectando gravemente la salud de la población. La incidencia de enfermedades respiratorias, los defectos congénitos y las patologías inmunológicas se han incrementado. La tasa actual de cáncer de esófago es 25 veces superior a la media mundial y la tuberculosis multirresistente a los fármacos afecta a gran parte de la población en ciudades como Moynaq. También se han detectado en el desierto en que se convirtió el mar, partículas de ántrax que provienen de lo que antes era una isla, hoy se puede acceder en todoterreno, llamada Vozrozhdeniya. La isla albergó una importante base militar donde se hacían pruebas con armas biológicas hasta que fue abandonada en 1992 tras la desintegración de la URSS. En ella se experimentaba con virus peligrosos y hoy es un quebradero de cabeza para las autoridades por la fuente de contaminación que representa. En marzo de 2018 el nuevo gobierno uzbeko ha anunciado un programa especial de epidemiología ambiental que se basa principalmente en el aumento de capacidades del personal sanitario estatal. Su coordinador, el radiólogo Damir Zaredinov, es consciente de que el deterioro del Medio Ambiente preocupa no solo a los especialistas sanitarios y los ecologistas, también ha despertado la preocupación de la población uzbeka.



Doctora Emeyoba, jefe del dispensario de tuberculosis de Moynaq, con el retrato del anterior presidente del país Islom Karimov.



Médicos sin Fronteras comenzó un ensayo clínico en Karakalpakstan en enero de 2017 para desarrollar un tratamiento mejorado para la tuberculosis resistente a los medicamentos. El ensayo comenzó con más de 1500 uzbekos, la primera etapa finalizó en 2018 y la segunda en 2020.

Otro de los daños asociados a la política de irrigación afecta a toda Asia Central. La calidad del agua potable es pobre. Más de un tercio de la población consume agua que no cumple con los estándares de higiene. El incremento de la agricultura trajo consigo el aumento del uso de los fertilizantes y pesticidas, acrecentando la contaminación y salinización de las aguas superficiales y subterráneas. Al delta del Amu Daria, el agua llega cargada de sustancias tóxicas recogidas por el río en su recorrido. El problema comienza fuera de las fronteras uzbekas, en el sistema montañoso de Tian Shan, donde nacen los ríos que alimentan al Aral. La tala ilegal, el pastoreo incontrolado y el arado de las laderas han provocado un aumento de deslizamientos de tierra, flujos de lodo y erosión del suelo. Además, los glaciares y las áreas de acumulación de nieve se están reduciendo debido al cambio climático. Los datos son alarmantes. Actualmente estas reservas representan un 70% del flujo del agua de los dos ríos que atraviesan Uzbekistán y está constatado que han perdido un 25% de su tamaño durante la segunda mitad del Siglo XX. Los datos que maneja la International Fund for saving the Aral Sea(EC IFAS) indican que en 2050 el caudal del río Amu Daria habrá disminuido entre un 10-15% y del río Sir Daria entre un 6-10%.


Enfermo de Tuberculosis ingresados en el dispensario de Moynaq.


La guerra del agua


Antes de la desintegración de la URSS, Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán y Kirguistán compartían sus recursos. Moscú se encargaba de solucionar sus disputas y de que trabajaran por asegurar el agua para el consumo y las cosechas en verano, y la electricidad para la población en invierno. Los dos últimos son los proveedores de agua, porque los ríos que atraviesan la región nacen en sus montañas y poseen las reservas de agua. Los tres primeros, los que poseen los recursos de energía. Intercambiaban seguridad alimentaria por seguridad energética.

En 2009 la ya deteriorada estabilidad del compromiso se rompió cuando el difunto presidente Karimov se decantó por la rentabilidad de las ventas de gas y electricidad a otros compradores extranjeros. Uzbekistán vendió su energía al vecino Afganistán. Tayikistán y Kirguistán comenzaron con problemas de abastecimiento energético y se vieron obligados a gastar agua en generar energía para consumo propio tras un durísimo invierno sin apenas electricidad. Los países río abajo notaron la escasez de agua en la temporada de cultivo. Kirguistán, se vio también obligado a instalar sus propias líneas eléctricas, lo que duplicó el precio de la electricidad para el usuario. Pero Kirguistán también necesita agua de Tayikistán y en 2014 los tayikos desviaron el río para regar sus campos y ampliar las cosechas para contrarrestar el crecimiento demográfico, comenzando una etapa de enfrentamientos violentos entre los dos países.


No solo los países altos sufrieron la falta de energía, la población Uzbeka fue igualmente perjudicada por la venta de su propia energía, produciéndose continuos cortes eléctricos que dejan con unas pocas horas de electricidad a la población en diversas zonas del país. Un efecto colateral son las enormes filas de coches detenidos en las puertas de las gasolineras esperando que se reanude el suministro eléctrico para poder repostar.



Mientras los conductores hacen cola en la estación de servicio esperando que regrese el suministro eléctrico para poder repostar, los viajeros esperan pacientemente su regreso.


La presa de Rogun


Para paliar su dependencia Tayikistán está construyendo una gran presa hidroeléctrica en Pamir, una de las principales cadenas montañosas de Asia Central. La presa de Rogun, en el río Vakhsh, afluente del Amu Daria. El proyecto fue planteado a principios de los sesenta por los mismos dirigentes soviéticos que condenaron al Aral. La construcción comenzó realmente en 1976 pero el colapso de la URRSS detuvo la obra. El gobierno tayiko ha tratado por todos los medios de continuar con su construcción por medio de acuerdos y créditos internacionales hasta su definitiva reanudación en 2016. La empresa constructora, Salini Impregilo calcula que estará terminada en 2027 y su coste estimado es de 3.900 millones de dólares. Por tanto, la presa tardará 16 años en alcanzar su capacidad, disminuyendo el caudal del Amu Daria con los problemas que esto supondría para Uzbekistán y sus cultivos. En el informe final presentado por el Banco Mundial en 2014 tras el análisis de todos los factores, se constata que la construcción de una presa en Rogun es la solución menos costosa para satisfacer las necesidades energéticas de Tayikistán en comparación con cualquier otra alternativa. Con esta obra Tayikistán se convertiría en el líder geopolítico de la región por lo que se ha creado una situación extremadamente tensa entre los dos países. El proyecto se encuentra en su primera fase y el rio ha sido desviado para construir los cimientos de la presa. La empresa constructora espera que en la primavera de 2019 esté finalizada la fase I con dos de las seis turbinas finales trabajando. Gilles René, encargado de relaciones con los medios de la empresa constructora, Salini Impregilo, nos remite al gobierno Tayiko para obtener los datos del caudal que recibirá el Amu Daria tras la construcción de la presa ya que ellos no los pueden facilitar sin su aprobación, pero el gobierno tampoco ha respondido a esta pregunta.


Para Alfred Diebold, ex Director Técnico de EC IFAS, “La represa Rogun tendrá poco o ningún efecto en la parte uzbeka del Aral. Todo depende de los turcomanos y los uzbekos y cómo usen el agua del Amu Daria, depende si quieren que el agua corra hacia el Aral. La muerte del Mar de Aral comenzó principalmente con el canal Karakum y la desviación del agua del Amu Daria hacia Turkmenistán”


Río Amu Daria en la frontera con Turmekistan


Aun descartando la construcción de la presa, los datos aportados en la conferencia sobre la cooperación hídrica en Asia Central celebrada el pasado noviembre, resultan catastróficos para Uzbekistán y el Amu Daria. Se estima que para 2040, el sustancial aumento del consumo de agua en Afganistán hará disminuir peligrosamente el abastecimiento de agua en la cuenca del río. Una situación alarmante para Uzbekistán donde el 77% del agua proviene del extranjero.


La situación política se ha enfriado actualmente tras la irrupción del nuevo presidente uzbeko Shavkat Mirziyoev que en tan solo un año de gobierno ha iniciado una serie de importantes reformas imprescindibles para la inclusión del país en un mundo global tras 25 años de oscuro mandato de Islom Karimov. Mirziyoev ha tendido puentes hacia sus vecinos y se han firmado acuerdos sobre la asignación y el intercambio de agua y energía, y la gestión conjunta a través de estructuras interestatales comunes. Los países han manifestado su compromiso de cooperación en el uso de los recursos hídricos y la resolución de los problemas ecológicos relacionados con la protección del Mar de Aral, confirmando la voluntad política de cooperar.


Los dirigentes uzbekos apostarón por dejar morir el mar para salvaguardar su política de irrigación para continuar con la agricultura. Los uzbekos presumen frecuentemente de sus frutas como las mejores del mundo.


El Aral etíope.


La presa de Rogun está siendo levantada por la empresa italiana Salini Impregilo, la misma empresa que ha construido en Etiopia las polémicas presas Gibe. La presa Gibe III merma el caudal del rio Omo que alimenta el lago Turkana creando conflictos por problemas de abastecimiento de la población agrícola de la zona. "Si los etíopes completan sus planes, el lago Turkana prácticamente desaparecerá. ", comentó Richard Leakey, responsable de la Agencia de Conservación de Kenia y fundador del Instituto de la Cuenca de Turkana. "Creo que el lago Turkana será el segundo mar de Aral. Es uno de los peores desastres ambientales que puedas imaginar ". La presa ha terminado con las inundaciones naturales del rio Omo y a pesar de haber implementado un sistema de inundación artificial, el lago empieza a retroceder.


También en Etiopia y por parte de la misma empresa, se está terminando de construir la llamada Gran presa del Renacimiento Etíope. Será la mayor presa de África y colocará a Etiopia como el primer productor energético africano. La presa afectará irremediablemente el cauce del Nilo, creando una tensión alarmante entre los países que comparten sus aguas, Etiopia, Sudán y Egipto. Más de noventa millones de egipcios viven en las orillas del Nilo y el estado no está dispuesto a dejar en manos del “grifo” etíope el futuro de su país. Algunos medios políticos han sugerido atacar la presa. El gobierno etíope asegura que el embalse no perjudicará la cuota de 55.5 mil millones de metros cúbicos que recibe Egipto al año en virtud del acuerdo de 1959.


La esperanza del norte y el Aral en la actualidad.


En 1993 los jefes de estado de los países de Asia Central acordaron establecer el Fondo Internacional para el Ahorro del Mar de Aral (IFAS). Meses después, el presidente de la República de Kazajstán Nursultán Nazarbáyev, expuso el problema abiertamente al mundo tras la caída del velo opaco de la URSS, pidiendo ayuda para mitigar los impactos de la mano del hombre en el Mar de Aral. Desde entonces, los fondos de los Estados de Asia Central y las organizaciones internacionales no han dejado de inyectar millones de dólares que se evaporan a la misma velocidad que el agua del Aral.


La primera piedra en la recuperación del Aral del norte nació de la fe de los pescadores de la región de Aralsk y la ambición de Alashbai Baimyrzaev, el alcalde de la ciudad más afectada por el retroceso del mar en la parte Kazaja. Bajos su propia iniciativa, construyeron una presa que durante cuatro años recogió las aguas del Sir Daria y acercó el mar y la esperanza a la ciudad. En 1999 la construcción no puedo soportar la presión del agua tras una tormenta y se derrumbó causando algunas víctimas y destruyendo las máquinas, pero demostró la posibilidad de salvar una parte del Aral.


A finales del siglo XX Kazajistán basaba su economía en la industria petroquímica perdiendo peso la agricultura. En el año 2008 fue inaugurado oficialmente por el presidente del Banco Mundial y el primer ministro el dique Kokaral, que separaba la zona norte del Mar de Aral ubicado dentro de sus fronteras con los restos que quedaban de la parte sur. En una década el constante flujo de agua que recibía del Sir Daria hizo que la costa que se había alejado más de 100 kilómetros de la ciudad costera de Aral se situara ahora a tan solo 20. El agua se ha vuelto menos salada y la captura de peces se ha quintuplicado en la región de Kyzylorda. Los pescadores han vuelto a faenar en unas aguas ahora mansas de un lago que un día fue mar, en unos barcos más modestos. La industria pesquera ha regresado con ellos y también las exportaciones de pescado. Se ha recuperado aproximadamente una octava parte de lo que ocupó el mar, pero difícilmente la extensión seguirá creciendo.


Cartel de la antigua fábrica de conservas de Moynaq


Los Kazajos están trabajando en mejorar los sistemas de riego, pero el paso realmente importante será agrandar el dique de Kokaral para que el nivel pueda seguir subiendo y se deje de producir la considerable pérdida de peces a través de la esclusa de la presa. Para ello se pondrá en marcha la fase 2 del proyecto de recuperación, proyecto SYNAS, para garantizar la supervivencia a largo plazo del “Pequeño Aral” mediante el refuerzo del dique. También se baraja la opción de construir una nueva represa en la zona de Ushoky que implicaría que el agua del Sir Daria ingrese al Pequeño Aral mucho más lejos de la presa actual, dando lugar a un aumento de la circulación del agua y una reducción de su salinidad mejorando las condiciones y aumentando las especies de peces.


Fue en 1995 cuando Kurt Svennevig Christensen, presidente de la Sociedad Danesa para el Mar Viviente, llegó al Aral Norte para llevar a cabo el proyecto “From Kattegat to the Aral Sea” apoyando el regreso, mantenimiento y desarrollo de la cultura pesquera. . "Durante 20 años, la principal identidad de la región se derrumbó", dijo Kurt. Los pescadores Kazajos fundaron con su ayuda la ONG Aral Tenizi que trabaja para ayudar a restablecer el mar, así como a apoyar a los pescadores y sus familias en esta fase de transformación.


Kurt Svennevig Christensen y sus compañeros visitaron Aralsk en septiembre de 2017, 10 años después de que abandonáramos la región al finalizar su proyecto pesquero. Este mes de abril han presentado un informe con las conclusiones de este viaje donde alertan que debido a la sobrepesca, la pesca comercial en el “Pequeño Aral” está disminuyendo y probablemente ha alcanzado su punto máximo.


En estos años toda la región de Aral (Kazajistán) se ha transformado con el regreso de la industria pesquera que vuelve a dar trabajo a miles de personas. Los datos de las fábricas de pescado sin embargo, muestran una disminución constante en el tamaño de los peces comerciales que llegan a las plantas. La causa principal de la sobrepesca es el propio sistema de gestión, la inversión excesiva en plantas e infraestructura de peces aumentar la presión sobre los recursos de peces. En el informe los científicos recomiendan a las autoridades cambiar le modelo de gestión y cederla a los propios pescadores por medio de Aral Tenizi.


Los akimat (líderes locales) en Aralsk y Kyzylorda apoyan nuestro enfoque, tal vez no todos los detalles, pero financiarán una conferencia internacional en Aralsk en septiembre de 2018 donde expertos internacionales evaluarán este plan” declara Kurt Svennevig. A cerca de la parte uzbeka del Aral, comenta; “Tuvimos una delegación, con un biólogo marino, que visitó el gran Aral en la parte noreste el año pasado, pero la situación con la alta salinidad es la misma. Pensar en una posible recuperación en el sur es casi imposible”.


Las barcas esperan ancladas en los patios de los viejos pescadores que el mar regrese a Moynaq.


A pesar de que Uzbekistán es una potencia en extracción de gas, no apostaron como sus vecinos Kazajos por recuperar el mar. Sus reservas de gas son enormes y actualmente solo se está accediendo al 25% de ellas. De todo lo que se extrae, el 40% es exportado a países aliados, principalmente Rusia y China. El gobierno Uzbeko ha continuado con la política de regadío dando por perdido lo que queda del sur del Aral No dejó en ningún momento de esquilmar las aguas del Amu Daria aun sabiendo que un gran porcentaje del agua se pierde por la mala construcción de los canales.


Recuperar el resto del mar depende de la voluntad de Uzbekistán, y de cientos de miles de millones de euros para transformar la economía del país, cambiar el uso de la tierra a cultivos menos exigentes, crear alternativas energéticas, modernizar los sistemas de riego y reparar los canales para mejorar su eficiencia.


El 79% del agua que circula por los canales se pierde. La falta de fondos impide la creación de un gran proyecto y los trabajos que se realizan son de respuesta a averías y no de prevención. Otro de los retos es conseguir un monitoreo del agua. Desde los años ochenta los usuarios pagan por el uso del agua pero el sistema cayó a la par que la URSS hasta hacerse imposible el control del consumo. El nuevo gobierno uzbeko ha encontrado una posible paliación de los daños transfiriendo la responsabilidad de la gestión, operación y mantenimiento de los sistemas de agua a los propios usuarios. Estos han comenzado a fusionarse creando asociaciones y el propósito actual es darles los conocimientos necesarios para llevar a cabo la gestión del agua y sus infraestructuras.


Niños pescando con una sábana en un canal en Kokand - Valle de Fergana.


Otro de los objetivos es crear una conciencia colectiva sobre el valor del agua. Es la alternativa menos costosa y los resultados pueden ser equiparables a los obtenidos con la reparación de grandes infraestructuras. Tal vez la solución está en que lo que el ser humano hizo por el bien común, sea ahora reparado con la conciencia colectiva.



Un hombre lava su coche con el agua de uno de los numerosos canales que atraviesan Tashkent, la capital de Uzbekistán.


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